Un vuelo directo de poco más de dos horas cambió la manera de llegar desde Córdoba a uno de los rincones más increíbles de la Patagonia. Esquel es la puerta de entrada, pero el viaje continúa entre nieve, lagos, vinos, historia galesa, tulipanes, estepa y paisajes que parecen no terminar nunca.
Hay viajes que empiezan mucho antes de llegar al destino. Y otros que sorprenden porque, de repente, descubrís que aquello que parecía lejísimo está a poco más de dos horas de avión.

Eso es lo que sucede hoy entre Córdoba y Esquel.
Durante agosto, septiembre y octubre de 2026, Aerolíneas Argentinas mantiene una conexión directa entre ambas ciudades. La frecuencia es semanal: se vuela desde Córdoba hacia Esquel los jueves y el regreso se realiza los lunes. Para septiembre, el vuelo AR1820 tiene una duración aproximada de 2 horas 35 minutos, con salidas que varían alrededor de las 8:55/9:05, mientras que el regreso AR1821 parte de Esquel a las 16:00 y arriba a Córdoba a las 18:20. Es una combinación especialmente pensada para armar una escapada de jueves a lunes.

Esquel es el comienzo, no el final
Bajar del avión en Esquel es entrar directamente a la cordillera chubutense. La ciudad funciona como una base excelente para recorrer buena parte del noroeste provincial y, dependiendo del rumbo elegido, en pocas horas se puede estar frente a una laguna cordillerana, dentro de un antiguo molino galés, recorriendo viñedos o internándose en la inmensidad de la estepa.
Y en septiembre de 2026 hay un plus: todavía queda nieve. El Centro de Actividades de Montaña La Hoya decidió extender esta temporada hasta el 4 de octubre, gracias a las condiciones de la montaña. Está ubicado a apenas 12 kilómetros de Esquel y cuenta con más de 17 kilómetros de pistas esquiables.


Navegar entre montañas en Lago Puelo
Desde Esquel, tomando rumbo norte, aparece uno de esos lugares donde el paisaje obliga a bajar el ritmo: Lago Puelo.
El lago, los bosques y las montañas conforman una de las postales emblemáticas de la Comarca Andina del Paralelo 42. Además de senderismo y actividades al aire libre, existen prestadores habilitados para realizar excursiones lacustres, desde paseos costeros y recorridos por bahías hasta navegaciones que se acercan al límite con Chile.
El agua cambia de color con la luz y, cuando las cumbres todavía conservan nieve, el contraste es extraordinario. Es uno de esos lugares en los que la experiencia no necesita demasiada explicación: hay que sentarse, mirar y dejar pasar un rato.

Dormir dentro de una chacra patagónica
Lago Puelo también permite cambiar aventura por descanso. En nuestro recorrido conocimos Linaje Hotel Boutique, ubicado dentro de una chacra y rodeado por montañas y bosque.
La propuesta combina alojamiento con productos de la propia chacra, desayuno patagónico, huerta orgánica y espacios pensados para desconectarse. El establecimiento también desarrolla un proyecto propio de microvinificación orgánica y de mínima intervención en Lago Puelo.
Es otra manera de conocer la Patagonia: no solamente recorriéndola, sino quedándose quieto dentro de ella.

Perderse a propósito
A unos kilómetros, en El Hoyo, hay otra experiencia completamente diferente: Laberinto Patagonia, considerado el laberinto natural más grande de Sudamérica.
Tiene unos 2.200 metros de senderos entre cercos vivos, nueve accesos y está emplazado en un predio rodeado de bosque y montañas. Y atención con este dato si la nota sale ahora: su sitio oficial informa como próxima apertura el 10 de octubre de 2026.
Es decir que quienes aprovechen el vuelo Córdoba–Esquel durante octubre podrán sumar esta experiencia al itinerario.

Una Patagonia que también se sirve en una copa
Sí: en Chubut hay vino. Y en el Valle de Trevelin, a los pies de los Andes, el enoturismo se convirtió en una experiencia con identidad propia.
La Ruta del Vino permite conocer emprendimientos como Contra Corriente, Viñas del Nant y Fall, Casa Yagüe, Entre Senderos y Chacra Baruk, entre otros proyectos de la zona. Pinot Noir, Chardonnay, Riesling, Sauvignon Blanc y Gewürztraminer son algunas de las variedades que encontraron en el clima frío patagónico un territorio particular.
La experiencia no es solamente una degustación. Es tomar una copa mirando la cordillera y comprender cómo un paisaje que parece extremo puede transformarse también en territorio vitivinícola.

Piedra Parada: 50 millones de años frente a tus ojos
Después hay que cambiar completamente de escenario.
Hacia Gualjaina, la montaña verde deja lugar a la estepa y aparece una mole de roca imposible de ignorar: Piedra Parada.
La formación alcanza aproximadamente 240 metros de altura y 100 metros de base y es el testimonio de una gigantesca actividad volcánica ocurrida hace unos 50 millones de años. El área protegida también comprende el Cañadón de la Buitrera, uno de los grandes escenarios naturales de esta parte de Chubut y un sitio reconocido internacionalmente para la escalada.
Pero no hace falta ser escalador. Basta caminar, levantar la vista y entender por qué frente a determinados paisajes uno se siente diminuto.

Dormir en Gualjaina y despertarse en medio de la estepa
Para quienes quieren quedarse en esta zona, Gualjaina permite vivir una Patagonia completamente diferente a la de los bosques cordilleranos.
La Hostería Mirador Huancache se encuentra en esta localidad, cerca del acceso hacia Piedra Parada. Cuenta con habitaciones, cabañas, gastronomía casera y excursiones por la región, además de un pequeño viñedo artesanal llamado Terruño de Caldera.
Y hay un momento que ninguna descripción termina de explicar: cuando cae la noche o comienza a amanecer y el silencio de la estepa ocupa absolutamente todo.

Subirse a un tren de otro tiempo
De regreso en Esquel aparece uno de los grandes símbolos de Chubut: La Trochita.
El Viejo Expreso Patagónico mantiene vivo un pedazo fundamental de la historia ferroviaria argentina. Actualmente, durante septiembre de 2026, el cronograma oficial del tramo Esquel–Nahuel Pan establece salidas los sábados a las 10:00, con regreso previsto a las 13:00, además de eventuales servicios adicionales.
Vapor, madera, hierro, estepa y cordillera. Más que viajar en tren, por unas horas se viaja en el tiempo.

Un molino galés que todavía cuenta historias
Trevelin guarda otro viaje al pasado.
Sobre la Ruta 259 se encuentra el Molino Harinero Nant Fach, un museo vivo inspirado en los antiguos molinos que funcionaban en el Valle 16 de Octubre desde fines del siglo XIX.
El lugar funciona durante todo el año. Actualmente abre de miércoles a domingo de 14 a 18, con visita guiada a las 16. Más allá de los objetos históricos, lo que vuelve diferente a Nant Fach es el movimiento: máquinas, herramientas y mecanismos permiten entender cómo trabajaban aquellos pioneros galeses.

Y sí, también hay que probar el chocolate
Viajar también es comer.
En Esquel, Braese forma parte de esa tradición desde 1976. La firma elabora artesanalmente chocolates, bombones, dulces, mermeladas y otros productos regionales combinando tradición familiar y sabores patagónicos.
Es una parada sencilla, pero de esas que terminan entrando en la valija.

Tomar unos mates a cuatro kilómetros de la ciudad
No hace falta viajar demasiado para encontrar naturaleza.
La Reserva Natural Urbana Laguna La Zeta está ubicada a apenas cuatro kilómetros del centro de Esquel. Se puede llegar en vehículo, caminando o en bicicleta y es un espacio utilizado para senderismo, kayak, observación de aves, fotografía y encuentros al aire libre.
Montañas nevadas, agua quieta y un mate. A veces la Patagonia también puede ser así de simple.

Octubre cambia completamente el paisaje
Y cuando se termina el invierno, empieza otro espectáculo.
En Trevelin, el Campo de Tulipanes abrirá su temporada 2026 del 7 de octubre al 7 de noviembre, todos los días de 9 a 19. Turismo Trevelin recomienda especialmente el período que comienza alrededor del 15 de octubre para encontrar la floración más avanzada, aunque todo depende del comportamiento climático de la primavera.
El resultado es una de las imágenes más reconocibles de la Patagonia: hileras de colores con las cumbres nevadas de los Andes detrás.
Y ahí aparece otra ventaja de la conexión aérea: el vuelo directo Córdoba–Esquel continúa durante octubre, justo cuando la nieve empieza a despedirse y los tulipanes toman el protagonismo.

Un viaje no alcanza
Esquel demuestra algo bastante simple: llegar es solamente el principio.
En pocos días se puede pasar del bosque a la estepa, navegar un lago, esquiar, tomar un vino frente a los Andes, viajar en un tren centenario, caminar entre historias galesas y terminar contemplando una roca de 50 millones de años.
Quizás cuatro días no alcancen para conocerlo todo.
Pero ahora, desde Córdoba, todo puede empezar con un vuelo directo.
¿Con cuál de estas experiencias arrancarías?

